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Origen

Cuando en el año 2012 se vieron colgados, por las calles del centro de Santiago, unos afiches donde se buscaba un arquero para un nuevo equipo de futbolito, nadie pensaría que ese mismo arquero finalmente salió de nuestros propios amigos al perder una apuesta. Así es como el mítico Negro Campusano perdió sus llaves en un asado en el Hipódromo y desafió a los presentes diciendo que estas no estaban ahí, pero que si alguien las encontraba sería el arquero de Unión San Gil: llaves encontradas, apuesta perdida, guantes puestos, mejor arquero en dos campeonatos y una copa. Así es como empezaron a llegar otros cracks inimaginables, el Brontosaurio Zoro llevó a Carlitos Crisóstomo, a quien no le sacaron nunca la pelota cuando la pisaba, Gabo llevó a un primo con sus facultades mentales realmente tocadas y este, a su vez, llevó a un tira, sí un PDI con nombre de tienda de ropa pituca. Llegó un brasilero y con él pensábamos que teníamos el ritmo carioca y el carnaval, pero era Chico Botelho, técnico, duro y gran estratega. Tomás llamó a dos viejos conocidos, se necesitaba un central y un 9, qué mejor que un pack: Nico y Gino quisieron ponerse la azul y amarilla sin preguntar nada, ni cuánto costaba la liga. A todos ellos se sumaba el gran Huaso Piscólico, Jacob, otro de los fundadores de un equipo bautizado como Unión San Gil Fútbol Club, una escisión de una pésima escuadra llamada Rapa Nui pero a la cual le agradecemos juntarnos y tener nuestra mascota: un pulpo para contraponerse a un águila, pero esa es otra historia. Volvamos al primer campeonato en la Liga San Pedro, segundo semestre 2012, donde jugábamos con unas camisetas hermosas, mandadas a hacer a Casa Estadio. Nos empezamos a dar cuenta que podíamos ser de los equipos fuertes, comenzamos a ganar partidos, avanzamos a octavos, luego a cuartos y la semifinal la ganamos épicamente a penales bajo la lluvia, estábamos en nuestra primera final, no la jugamos bien y se perdió 1-2. No era malo para empezar, pero no era suficiente, había buen grupo y hambre de seguir jugando, pero también de ganar. En el tercer tiempo éramos muy buenos, siempre lo fuimos, ahí no nos ganaban, la azotea de la Mansión Negra supo recibirnos, jugando de local ahí ganábamos, gustábamos y goleábamos siempre. Ya sin el primo demente ni el comisario PDI, partió la campaña 2013. En el apertura de ese año empezamos a jugar más sólidos, estábamos mejor armados, éramos candidatos seguros y jugamos a la altura de eso. Al 7 inicial de Campusano; Rojas, Maturana, Botelho; Crisóstomo; Solari y Zoro, se sumaban Renié, Muñoz y Saenz. Pasada la fase de grupos, en el mata-mata se ganó bien y firme, llegamos a otra final y había que ganarla. Empezamos 2-0 arriba, el segundo gol fue una locura, pase largo de Tomás a Chico, la baja de pecho y, esperando que dé un botecito, revienta el arco. Al inicio del segundo tiempo nos descuentan y a puro huevo no dejamos que nos empataran, de contra nos pusimos 3-1, Negro siguió atajando todo y llegó el final del partido, éramos campeones por fin. Gabo levanta la copa gritando SAN GIL POGA y cómo se celebró. Lindo año ese, el 2013, seguimos compitiendo, llegamos a otra final, nos constituimos como Club Social y Deportivo y los tentáculos siguieron creciendo.

¿Por qué Unión San Gil?

Un francés despistado llegó de Bruselas a vivir a Chile hace varios años. Ya integrado en Santiago gracias a numerosos partidos y pichangas, en 2012 emprendió con un grupo de compañeros el sueño de formar un club de fútbol: tanto el nombre como los colores iban a recordar el club de su corazón en Bruselas: Unión San Gil, castellanización de la Royale Union Saint-Gilloise, un histórico equipo nacido a fines del siglo 19 en un barrio popular bruselense, y sus colores míticos, amarillo y azúl.

Hoy estamos orgullosos de llevar ese nombre y de alguna forma representar a ese gran club del otro lado del charco, quienes nos invitan cada dos años a participar del torneo Cyril Mangin en Bruselas y acaban de volver a la primera división de Bélgica.